Rodolfo Amieva: “En Marbella, la arquitectura define la forma de vivir”
Carmen Duran - 12 Ene 2026 - Marbella estilo de vida
Carmen Duran - 12 Ene 2026 - Marbella estilo de vida

Hablar con Rodolfo Amieva es recorrer, sin prisas, más de tres décadas de la historia de Marbella a través de la arquitectura: desde aquella ciudad que todavía no intuía el salto que estaba por venir, hasta el destino premium global que es hoy. Rodolfo Amieva, arquitecto y socio fundador de González & Jacobson, llegó “por casualidad”, pensando en una temporada corta… y terminó construyendo aquí su vida y buena parte del nuevo lenguaje residencial de la Costa del Sol.
En 2025, el estudio celebró su 30º aniversario con un reconocimiento institucional por parte del Ayuntamiento de Marbella, un gesto que resume una trayectoria estrechamente ligada a la evolución de la ciudad y del Triángulo de Oro.
Javier Nieto, CEO de Pure Living Properties, conversa con Rodolfo Amieva sobre vocación, transformación urbana, cómo han cambiado los clientes internacionales, la vuelta a lo andaluz —con tecnología y confort—, y por qué el futuro de Marbella, inevitablemente, convivirá entre lo tradicional y lo global.
Rodolfo, llegas a Marbella en un momento decisivo de tu vida y terminas convirtiéndote en una figura clave de la arquitectura residencial en la Costa del Sol. Más allá de tu carrera, ¿Qué te hizo elegir esta ciudad como lugar para vivir?
Mi llegada a Marbella fue casi una casualidad. Tras estudiar arquitectura en México y cursar un posgrado en Madrid, pasé una temporada trabajando en Inglaterra. Allí, hablando con un conocido de Granada, surgió la idea de que, si había oportunidades para un arquitecto, probablemente estarían en Marbella. Vine con la intención de quedarme una temporada, conocer Andalucía y seguir formándome, pero encontré trabajo rápidamente y la ciudad empezó a ofrecerme algo más que una experiencia profesional puntual. Con el tiempo, Marbella se convirtió en el centro de mi vida. No fue una decisión premeditada, sino el resultado de una combinación de trabajo, oportunidades y una forma de vivir que encajó conmigo desde el principio.
En estos más de treinta años, ¿Cómo has visto evolucionar Marbella desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico?
La transformación ha sido enorme. Cuando llegué, muchas de las zonas que hoy consideramos consolidadas ni siquiera existían. Ha habido distintos momentos clave, pero uno especialmente determinante fue la época Gil, cuando Marbella experimenta un segundo gran impulso tras la etapa de la jet set. Ahí la ciudad cambia de escala y se redefine urbanísticamente.
Desde el punto de vista arquitectónico, Marbella ha estado siempre muy condicionada por su carácter internacional. La llegada constante de clientes de distintos países ha hecho que la arquitectura sea un ejercicio de adaptación permanente, con influencias que van entrando y saliendo según el momento económico y cultural.
¿Qué recuerda Rodolfo Amieva de los primeros años del estudio y de vuestros inicios en la ciudad?
Recuerdo una etapa de mucho aprendizaje y observación. Marbella tiene una cualidad muy particular: su relación con el paisaje y el verde. Es algo que se percibe incluso desde la carretera, comparándola con otros municipios cercanos. Esa integración entre arquitectura y naturaleza ha sido siempre una seña de identidad de la ciudad.
Desde el principio entendí que el arquitecto en Marbella no solo diseña edificios, sino que tiene una responsabilidad clara con el entorno. Esa idea ha estado presente en todos nuestros proyectos.
A lo largo de tu trayectoria has firmado proyectos muy distintos entre sí. ¿Cómo definirías tu manera de proyectar y qué hace reconocible la huella de González & Jacobson?
Nunca he sentido que tuviera un estilo cerrado. Mi forma de trabajar ha ido evolucionando con el tiempo y, en gran medida, adaptándose a lo que el cliente necesita o busca. Hemos desarrollado proyectos con influencias muy diversas, desde referencias asiáticas hasta lenguajes más contemporáneos o tradicionales.
Sin embargo, es curioso que, pese a esa variedad, muchas personas reconocen nuestros proyectos sin necesidad de ver la firma. Hay una coherencia interna, una forma de entender el espacio, la proporción y la relación con el entorno que acaba siendo reconocible, aunque no siempre sea fácil explicarla con palabras.
Entre vuestros proyectos recientes destaca Villa Marea, una propiedad en primera línea de playa que Pure Living Properties comercializa en coexclusiva. ¿Cómo nace este proyecto?
Villa Marea surge a partir de un cliente que quería invertir y construir una vivienda sin tener una idea concreta de lo que buscaba. Empezamos trabajando distintas opciones, desde propuestas más tradicionales de inspiración andaluza hasta planteamientos claramente contemporáneos.
Finalmente, el proyecto evolucionó hacia una solución que rompía con muchos esquemas habituales en Marbella, especialmente por su imagen exterior y su relación directa con el mar. Fue un proceso muy libre, en el que el cliente confió plenamente y eso permitió explorar nuevas ideas.

Villa Marea tiene una arquitectura muy potente y, al mismo tiempo, una integración muy cuidada con su entorno. ¿Qué buscabas transmitir con su diseño?
En ese momento estaba en una fase de experimentación personal, probando materiales, volúmenes y soluciones constructivas distintas. Villa Marea me ofreció la oportunidad de desarrollar esa inquietud creativa sin restricciones excesivas.
La clave era crear una vivienda contemporánea, muy sólida en su expresión arquitectónica, pero que al mismo tiempo dialogara con su entorno natural y con la experiencia de vivir frente al mar. No se trataba solo de una imagen impactante, sino de una casa pensada para ser vivida.
Marbella es hoy uno de los destinos residenciales premium más importantes de Europa. ¿Qué papel juega la arquitectura en ese posicionamiento?
La arquitectura tiene un papel fundamental. Marbella atrae a personas con un alto nivel de exigencia, tanto nacionales como internacionales, y eso obliga a elevar constantemente el estándar de calidad. El arquitecto no solo responde a una demanda estética, sino que debe integrar el proyecto en un contexto paisajístico y urbano muy concreto.
La calidad arquitectónica, junto con el paisajismo y el entorno, construye una experiencia de vida que es parte esencial del atractivo de Marbella como destino residencial.
¿Qué pide hoy el cliente internacional y cómo ha cambiado respecto a hace diez o quince años?
Hay dos demandas muy claras. Por un lado, espacios de trabajo integrados en la vivienda, consecuencia directa del teletrabajo. Es algo que piden prácticamente todos los perfiles de cliente.
Por otro, los espacios de ocio han ganado un protagonismo enorme. Los sótanos han dejado de ser zonas residuales para convertirse en espacios vivibles: áreas sociales, bodegas, spas o zonas de entretenimiento, adaptadas al estilo de vida de cada propietario.
También parece haber un cambio en el lenguaje arquitectónico que buscan los clientes.
Sin duda. Tras una etapa muy marcada por la arquitectura extremadamente moderna y las grandes superficies acristaladas, muchos clientes han vuelto a interesarse por una arquitectura más cercana, con referencias andaluzas o mediterráneas.
Buscan viviendas con carácter, con proporciones más humanas, que no puedan estar en cualquier parte del mundo. Quieren sentir que están en España, y eso se traduce en fachadas más tradicionales combinadas con interiores contemporáneos y tecnología actual.
Mirando atrás, ¿Qué proyectos destacarías por lo que han significado para ti?
Pues diría que La Trinidad es uno de ellos. Recuerdo la primera vez que entré en la parcela, un espacio enorme y verde, con caballos pastando. Aquello marcó el proyecto: decidimos organizar los edificios alrededor, preservando ese vacío central y respetando al máximo el paisaje.
Otro proyecto muy especial fue el restaurante Breathe, donde el concepto arquitectónico nació antes incluso que el gastronómico. Fue un ejemplo claro de cómo la arquitectura puede generar una identidad completa.
Después de tantos años de profesión, ¿Qué sigue motivando a diario a Rodolfo Amieva?
La búsqueda constante de algo nuevo. Nunca hemos trabajado copiando y pegando soluciones. Cada proyecto es distinto y cada cliente plantea un reto diferente. Esa inquietud es la que intento transmitir a todo el equipo.
Hay momentos difíciles, como en cualquier proceso creativo y constructivo, pero la posibilidad de seguir aprendiendo y evolucionando es lo que mantiene viva la ilusión.
Para terminar, ¿Cómo ve Rodolfo Amieva el futuro de Marbella desde el punto de vista arquitectónico?
Creo que convivirán dos realidades. Por un lado, una arquitectura muy personalizada, ligada a lo vernáculo y a la tradición andaluza, para quienes buscan una vivienda única. Por otro, una arquitectura más globalizada, fruto de la presión demográfica y la escasez de suelo.
En cualquier caso, el nivel arquitectónico seguirá subiendo. La falta de parcelas y el alto valor del suelo harán que muchos proyectos pasen por la reforma o la reconstrucción, lo que puede ser una gran oportunidad para seguir mejorando la calidad arquitectónica de la ciudad.